El cuadro comparativo que precede los puntos básicos del anteproyecto no merece otra objeción que no sea la relacionada a la ausencia de mención explícita a las nuevas tecnologías que hoy forman parte de la realidad cotidiana.
Por otra parte, en varias de las comparaciones observamos que no han sido contemplados los medios comerciales privados de las ciudades del interior, que tendrían que tener un porcentaje de producción local pertenezcan o no a cadenas de nivel nacional.
Se ha incurrido en una falacia del ilícito mayor. Puede ser que de una premisa verdadera, obtengamos una conclusión falsa. Así, por ejemplo, si decimos “todos los bonaerenses son argentinos y ningún correntino es bonaerense, por lo tanto ningún correntino es argentino”.
En materia de Radiodifusión podemos incurrir en un mismo error: al generalizar el adecuado propósito de darnos una ley de radiodifusión democrática, pluralista y justa, omitimos que en la categoría que define al “todo” quedan excluidos sectores sociales que hasta hoy han sido protagonistas de la epopeya comunitaria de dotar a sus pueblos de medios de comunicación territoriales que sustentan en pequeños mercados, acotados por sus mínimas poblaciones y agobiados por un marco de legalidad al que están obligados por el simple hecho de ser considerados “comerciales”.
Quienes formamos parte de ARLIBA no sólo somos licenciatarios o permisionarios legales, sino que sostenemos pequeñas empresas que generan fuentes de trabajo para muchas personas en poblaciones de distinta dimensión.
En un alto porcentaje, podemos exhibir más de dos décadas en la profesión de radiodifusores prestando servicios de comunicación en cada rincón del territorio nacional.
Tras un exhaustivo análisis de la propuesta gubernamental, hemos observado con inmenso dolor la omisión de nuestra actividad concebida al calor de las necesidades comunicacionales de las zonas donde desarrollamos actividades, aun ante la adversidad de la aparición de emisoras que, carentes de vocación y al amparo de la desidia en el cuidado del espacio radioeléctrico, alentaron negocios de todo tipo en desmedro de aquellos que desde la tarea cotidiana comenzábamos la labor con aquellas democráticas propaladoras callejeras con las que se regocijaba la población en sus horas de esparcimiento, recibiendo informaciones tan importantes como los nombres y apellidos de personas fallecidas, farmacias de turno, noticias municipales y acontecimientos graves que tenían como único respaldo ese formidable vehículo informativo.
Se habla poco de libertad de expresión y demasiado de intereses económicos que nos son ajenos, por cuanto hemos invertido nuestro dinero en nuestros medios pero no para tener más medios, sino para mantener el propio.
Creemos que debemos acompañar los cambios que se propone una sociedad más evolucionada y por eso migramos de los viejos sistemas a las emisoras de Frecuencia Modulada con inversiones que siempre superaron los plazos de licencia para su amortización.
Ahora, con el abierto descontrol y los negocios que se celebraron al calor de las infracciones y las prebendas, volvemos al centro de la escena pero como víctimas de una nueva vejación a nuestro derecho ciudadano de ejercer nuestra profesión en un marco que permita el desarrollo de una mejor calidad informativa con un juzgado que implacablemente día a día elige el punto del dial desde el que desea recibir información.
Queremos destacar que estamos abiertos a la discusión de políticas comunicacionales. Es más, somos actores permanentes en ese escenario que se transforma a cada hora llevándonos a pensar en que en poco tiempo todo lo hecho será insuficiente frente a las nuevas tecnologías, pero es imprescindible que a la voluntad política se le sume la verdadera capacidad técnica que hoy tiene la Argentina para distribuir el espacio radioeléctrico.
La redacción de los 21 puntos merece varias objeciones y consultas, pero es el anteproyecto de Ley el que en definitiva nos anima a proponer cambios que de no producirse exterminarán las posibilidades de miles de radios cuyos balances mensuales nunca superan los gastos e inversiones.
Claro que somos radios con dimensiones de facturación ajustada, pero en ARLIBA se concentran equipos periodísticos de emisoras territoriales líderes cuyas mediciones de audiencia se realizan con solo ingresar a cada ciudad, para advertir cuál es el verdadero poder de penetración que tienen en sus comunidades. A propósito de esta situación, más que un Defensor del Oyente sería sumamente positivo reemplazar su actividad por una verdadera medición anual que permita a las radios de todo rango establecer cuál es su nivel de incidencia en la población.
A continuación transcribimos la redacción original de los 21 puntos que se han llevado a los foros de discusión donde algunas cuestiones quedan simplificadas a cuestiones de buena voluntad cimentadas en cuestiones político ideológicas trasladadas de manera peculiar a quienes dicen tener como propósito pluralizar la comunicación.